Pues bien, en este post me apetece hablar de mi relación con mi vecino, y para no dar nombres me he acordado de la peli de Mi vecino Totoro, que recomiendo ver por cierto.
Para ponernos en situación paso a describir a mi peculiar vecino.
Hombre caucasico…jajajaja No, ahora en serio… un hombre de unos 65 años que de joven emigró a la ciudad condal en busca de fortuna pero que regresaba a su tierra, en algún lugar de Galicia que no quiero citar, todos los veranos. Pues bien, con la situación del Covid este año han permanecido durante el invierno en la aldea.
Es un hombre incansable, flaco pero fibroso, con unos conocimientos de la tierra herdados de sus ancestros… no puedo hablar de la cara que se me quedó viendo como sembraba cebollas…qué técnica, que arte !!!… Bueno pues en pocos rasgos este es Totoro de lejos… Pero de cerca es todavía mucho más interesante.
Mi relación inicial con Totoro era por su parte fría, distante y ciertamente desconfiada, y lo que más me ha fascinado de la evolución de nuestra relación en estos meses ha sido su comprensión y aceptación. Totoro es muy conservador, tanto para las técnicas agrícolas que heredó como a nivel político, laboral y un largo etcetera que lo define como una persona conservadora.
Y llego yo, surgido de la nada, hijo de nadie y nieto de don nadie, un tipo con tres crios y su mujer, que viene hablando de cosas que le suenan a chino, que casi siempre va un poquillo fumao… en fin, todo lo contrario a lo que está acostumbrado a ver… pero con algo en común… A Terra.
De un tiempo a esta parte nuestra relación ha cambiado tanto que a día de hoy, después de regalarme 12 de sus preciadas lechugas autóctonas… cuando ya me alejaba me salió a gritar si quería una cerveza y que llevará la primera fresa de la temporada para los niños…No puedo parar de admirar su capacidad de aceptación hacia mi, de respetar lo que soy.
Gracias Totoro por todas las enseñanzas…
Del huerto y de lo humano.